Hay quienes creen que la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos producirá, inevitablemente, una transición en Venezuela.

Otros, en cambio, dicen que sin Maduro pero con Delcy Rodríguez continúa el autoritarismo y que, por ende, sin libertades ni democracia no hay cambio de régimen político.

Hay también una suerte de punto medio: la caída del líder chavista da un golpe al statu quo que destraba una transición gradual, compleja, que no necesariamente se traduce en un gobierno de la oposición en el corto plazo.

Versiones es lo que hay, así como razones para complejizar cualquier escenario. Y no solo depende de lo que ocurra dentro del chavismo, sino, también, de lo que pase con Donald Trump y su agenda expansionista.

Pero con la intervención directa de Estados Unidos en Venezuela y la caída de Maduro, la posibilidad de un cambio parece más cerca que nunca. La pregunta es hacia qué: ¿Elecciones libres y vuelta de los migrantes? ¿Transición económica sin transición política? ¿Mayor represión con tutelaje de Estados Unidos?

En la última semana, la liberación de algunos políticos y activistas presos por parte del gobierno chavista dio puntadas de «convivencia pacífica», según dijo Jorge Rodríguez, alto mando chavista.

La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció que ya empezó a entrar dinero del petróleo que Venezuela venderá a Estados Unidos como parte de un acuerdo, y se reunió con el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque no surgieron detalles de lo que acordaron.

Cosas, pues, están pasando. Un cambio, al menos parcial, está en curso.

Venezolana

Pero la pregunta es si esos movimientos —frágiles y puntuales— realmente significan una transición no solo en materia económica, sino política, que es la voluntad de la mayoría de los venezolanos.

En BBC Mundo preguntamos a cuatro expertos en transiciones cuáles son los criterios para identificar un cambio de régimen político.

David Smilde: una transición más económica que política

El nuevo podcast de BBC Mundo sobre un amor que triunfó contra todo pronóstico

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Sociólogo, autor de varios libros sobre Venezuela, actual profesor de la Universidad de Tulane, en Estados Unidos

David Smilde le dedicó su vida académica —y parte de la personal— a Venezuela. Y, para él, hay «cosas factibles y concretas que se podrían hacer para generar una tendencia, una dirección, hacia la democracia».

Eso, dice, «comenzaría con la consolidación de la liberación de presos políticos».

Son más de 800, según el Foro Penal, una ONG; y se han liberado más de 266 desde la captura de Maduro.

Luego, dice, «sin mucho esfuerzo» el gobierno podría eliminar los bloqueos a proveedores de internet y a medios de comunicación independientes, de los cuales hay casi 1.000, según la ONG Conexión Segura y Libre.

La red social X (antes Twitter) volvió a funcionar en el país.

«También se podrían avanzar cambios como la reforma del sistema electoral y del sistema judicial, por ejemplo, nombrando jueces no provisionales», dice Smilde, quien cita literatura académica según la cual las transiciones suelen ser, en su gran mayoría, más graduales que inmediatas.

Sin embargo, Smilde teme que la transición real sea parcial, y cree que el gobierno chavista «hará lo mínimo, liberando algunos prisioneros mientras hostiga a periodistas y activistas».

La transición, dice, se centraría en la apertura económica hacia Estados Unidos, buscando «navegar este periodo de Trump hasta que termine» (en 3 años).

Esta visión «pesimista», concluye Smilde, se basa en la percepción de que la administración Trump «no está interesada en una transición democrática profunda».

Catalina Smulovitz: sin oposición no hay transición

Socióloga, experta en instituciones democráticas, derechos humanos y relaciones cívico-militares, exvicerrectora y profesora de Ciencia Política de la Universidad Torcuato Di Tella, en Argentina

Catalina Smulovitz se muestra «cauta para no decir escéptica» porque, para que una transición tenga algún chance de éxito, se requiere que «algún actor interno la impulse y tenga algún tipo de fortaleza para imponer condiciones para ese cambio de régimen».

Salvo la reunión de María Corina Machado con Trump para entregarle el Nobel de Paz, la oposición venezolana ha parecido aislada del proceso de negociación entre Caracas y Washington.

Después de la entrega del premio, Trump dijo: «Podemos lograr que ella se involucre de alguna manera».

Smulovitz señala que «sacar a Maduro no te garantiza una transición», mientras que sí lo haría que la «fuerza local de oposición negocie con lo que queda del viejo régimen».

«Negociar la participación en los negocios del país no tiene que ver con el régimen político», añade.

Smulovitz, que ha estudiado cambios de régimen por décadas, destaca que cada transición es un mundo: en la transición española «los jugadores del viejo régimen existían, pero también había jugadores del nuevo régimen»; en la Argentina hubo una derrota militar en la Guerra de las Malvinas que dio fuerza a la oposición y permitió juzgar a los represores; en Chile, Uruguay y Brasil tuvieron que pesar años para las judicializaciones.

Pero en todos los casos hubo un actor opositor.

«En Venezuela, al menos hasta ahora, no tienes una oposición dentro del país, de la oposición tradicional pero también de las disidencias chavistas, poniendo condiciones de negociaciones», concluye Smulovitz.